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La muralla fue la primera gran obra arquitectónica hecha por los romanos a
Tarraco. Su construcción se inició poco después de su llegada, el 218 a.C. La primera fase de las
murallas se sitúa entre el 217 / 197 a.C.
Se conservan tres torres de esta época: Arzobispo, Cabiscol y Minerva.
La opinión más extendida es que en el entorno del 150 / 125 a.C. la muralla sufrió una importante
transformación, creciendo en extensión, altura y anchura. De esta forma englobó el núcleo
romano.
Correspondientes a esta segunda fase, se conservan una puerta de acceso (Porta dels
socors) y siete puertas de menores dimensiones.
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